martes, 1 de febrero de 2011

DIA 1. LA HIPOTESIS (Capitulo 5.)

Ya han pasado mas de cuatro horas. Pero Mike seguía pegado al televisor. Eso si, ya no emitían ninguna noticia. Solo las mismas imágenes una y otra vez. Solo las mismas Setas de fuego.
En la radio mas de lo mismo, una locución que advertía de un posible atentado contra EE.UU. Pero Mike sabia que no. Ya que en el canal internacional, hace ya 4 horas, emitían las mismas imágenes en Europa y Asia de las Setas de fuego.

Se levantó del sillón, y miró por la ventana que daba a la ciudad. Ya solo quedaba un hilo de humo. Las Setas de humo estaban desapareciendo. Mike se preguntaba que habría pasado de encontrarse en el centro comprando. O que habría pasado con las personas que estaban allí en el momento de la explosión.
Le entró una angustia enorme al acordarse de sus padres. Que vivían en un dúplex a escasos 2 Km. del centro.
Recordó que le habían dejado un numero de teléfono. Pero no podía llamarles, ya que el siempre había odiado la telefonía móvil. Y el teléfono fijo hacia dos días que se lo habían cortado por impagos.

Se dio cuenta de que estaba aislado. Tenia provisiones para una semana mas o menos. El agua no suponía un problema, ya que el pozo que tenia detrás del cobertizo todavía brotaba agua.
¿Pero como voy a por ella?-pensaba-¿decían en las noticias, antes de que las suspendieran, que el aire estaba contaminado?

Pasaban las horas. No se escuchaban aviones ni helicópteros. De vez en cuando se asomaba a la ventana. Aunque estaba completamente aislado de la ciudad, a unos nueve o diez kilómetros por caminos embarrados, rezaba por ver a alguien que viniese en su ayuda. Decirle que todo había pasado y que podía seguir con su rutina.
Pero ya eran las nueve de la noche. La televisión ya no emitían tampoco las imágenes pregrabadas de las Setas de fuego. Simplemente un fondo azul. La radio ya solo había interferencias.
El estar desinformado le hacia sentirse incomodo. Sobre todo porque no podía salir de aquella casa de madera. Acogedora, pero que empezaba a aburrirle.

Para matar el aburrimiento se preparó un café. Le estuvo dando vueltas como un cuarto de hora. Cuando cayó en la cuenta que en la boardilla guardaba parte del material de trabajo. A parte de ropa y equipos de protección individual viejos o de recambio. Entre ellos seguro que estaba las mascaras antipolvo que utilizaban cuando cortaban la madera.

Subió al primer piso, donde están las habitaciones. Al pasar por una habitación decorada infantilmente, le rompió el corazón. Es la habitación de Catherine. Su hija. Recordó cuando su mujer le plantó. Le abandonó. Lo que mas le dolió es que no le dejase despedirse de su niña.
Se apoyó en el resquicio de la puerta, pensativo y recordando a la niña. Después entró y se sentó en su cama, al lado de ventana. Cogió un peluche y lo olió.
< Dios todavía huele a ella-pensó- maldita sea, como te hecho de menos >
La ventana daba al cobertizo, y la luz de la luna lo iluminaba. Cuando se dispuso para levantarse, vio un hombre que se acercaba lentamente a la puerta del cobertizo. Lo que mas le extrañó, fue su forma de andar. Medio arrastrando los pies y con la mirada perdida.
Rápidamente subió a la boardilla, cogió una de las mascaras antipolvo y una linterna que aun funcionaba.
Bajó las escaleras lo mas rápido que pudo, quitó los listones de la puerta y salió en busca de aquel hombre.
< Quizás está herido, o conmocionado-pensaba>

Cuando estuvo a unos 5 metros de el encendió la linterna y enfocando aquel hombre:

- Señor, ¿se encuentra bien?-preguntó como pudo, la mascara no le dejaba casi vocalizar.

Aquel hombre hizo caso omiso a Mike.

-Señor, ¿me escucha?-insistió ahora con mas fuerza.

El hombre se dió la vuelta. Lo que vió Mike, no se le olvidará. Tenía media cara destrozada, imaginó que por quemaduras, el resto de la piel era prácticamente blanca. Pero sus ojos eran lo mas terrorífico. Eran completamente negros. Todo la cornea era de color negro brillante.
De repente aquel hombre se abalanzó contra Mike, que lo tiró al suelo. Pero Mike descubrió que aquel hombre no tenia prácticamente fuerza. Con un movimiento se lo quitó de encima. De hecho con la fuerza que aplicó lo mandó como dos metros lejos de el.
Mike estaba consternado. No sabia que le ocurría a ese hombre.
No le dio tiempo a pensar mas, cuando ese hombre volvió a levantarse torpemente. Y se dirigía hacia el otra vez.
Mike se levantó. A causa del pánico o de la rabia, corrió hacia el hombre y le propinó un golpe con el borde de la linterna. Le reventó la cara.
EL hombre cayó al suelo. Al cabo de unos quince segundos a ese hombre le empezó a convulsionar todo el cuerpo. Le temblaban los brazos y las piernas como si le diesen calambres jamás vistos. Unos segundos después pararon las convulsiones. Pero lo peor estaba por llegar.

Ante la atenta mirada de Mike, ese hombre comenzó de nuevo a levantarse. No lo podía creer. El golpe que le propinó antes, no lo hubiera soportado ninguna otra persona. Pero aquel hombre le parecía dar igual.
Entonces Mike, miró a su alrededor y pudo descubrir un martillo de orejas. No sabia porque se había dejado ese martillo ahí, pero le vino de perlas. Fué a por el y, divisó que el hombre se giraba hacia el. El sudor de la frente se le metía ya por dentro de la mascara. Podía incluso saborear el sudor que le goteaba por el labio. Cogió carrerilla. Le clavó el martillo en la cabeza. Ese hombre cayó de espaldas. Volvió a convulsionarle las extremidades.
Mike se acercó y le sacó el martillo del cráneo. No contento con haberle atravesado la cabeza con un martillazo, le golpeó hasta que le flaquearon los brazos. La cabeza de ese hombre casi había desparecido entre tanta sangre y un pus asquerosamente verde.
< Dios santo!!! Que he hecho, he matado un hombre!!! Joder!!!>, < Tranquilo Mike, te había atacado el primero. Además, que cojones hacia un tío medio muerto atacándome > < ¿lo mismo ha sido el gas venenoso que decían en la tele? >

Le entraron unas ganas terribles de vomitar. No podía aguantar mas y se quitó la mascara. Se inclinó hasta casi ponerse de rodillas y vomitó.

Al darse cuenta de que no tenia la mascará, le entró el pánico y corrió a la casa. La cerró de nuevo con los listones. Su instinto le decía que se desnudase y fuera a la ducha. Pero quedó petrificado ante la imagen de aquel hombre, pero sobretodo como había reaccionado. ¿Porque lo ha atacado? ¿Porque lo he matado?
Se apoyó en la pared, y se dejó deslizar hasta quedar en el suelo. Se quedó acurrucado. Temblando. Llorando. Acordándose de su hija, de sus padres. De sus amigos.
Oby, su pastor alemán, se acercó a el. Le lamió una mano y se tumbó a su lado.

Estuvieron así hasta que se quedo completamente dormido.