La nieve los trajo. Capítulo 21.

Capítulo 21.


El lugar parecía tranquilo, y disponían de lo necesario para no morir de hambre o sed. La tienda era lo suficiente amplia para los cuatro. En los tres días que llevaban allí, no apareció ni vivos ni muertos. Lo cual era una buena noticia. La horda que dejaron atrás, parecía haberse desviado en algún punto. Lo único que les preocupaba, era el estado del restaurante. Emanaba un fuerte olor, y en ocasiones cuando el viento soplaba en su dirección, era insoportable estar allí encerrados. Alicia salió a tomar un poco el aire, a unos metros del lugar. Pensaba en su familia. Había perdido la noción del tiempo, y no sabía en qué día vivía. Si por casualidad, Roberto y sus hijos, habrían escogido ir en su busca, pasarían meses o incluso años en encontrarse. Ya no había líneas móviles ni internet para ponerse en contacto. La única esperanza que le quedaba era que aun permaneciesen en el pueblo o alrededores. Estaba indecisa. Ninguno sabía nadie que planes de futuro inmediato tomar. Ir sola hasta España, sería un durísimo empleo. Quizá si convencía a Mellea y Nestore, de acompañarla, sería más fácil. Pero claro, seguro ellos también querrían encontrar a sus familias. 

- Me gustaría hablar con vosotros. –reclamó la atención de los dos.

- ¿Ocurre algo Alicia? –preguntó Mellea apresurada.

- ¿Qué planes tenéis? No podemos quedarnos aquí eternamente. 

- No lo había pensado. –contestó ella. Seguidamente tradujo a Nestore.

- Yo tengo pensado poneros a salvo, y marcharme a mi pueblo. ¿tu? –tradujo Mellea a Alicia.

- Me gustaría volver a mi país. Pero no puedo hacerlo sola. Quizá vosotros… -dijo acalorada.


Hubo un silencio incómodo. Era lo que Alicia esperaba. Suspiró por la nariz, les sonrió falsamente, y salió de nuevo al surtidor. El silencio era abrumador. Incluso perturbador. Era consciente de que ella sola no podría recorrer todos esos kilómetros que le separaban de su hogar. Tan solo pensaba en su familia. ¿Y si les ha pasado algo? ¿Si llego y están muertos? Pensaba y profesaba un nudo en el estómago. Mellea llegó por detrás. Se puso a su lado y le ofreció un cigarrillo recién sacado de la máquina expendedora. Lo aceptó y ambas se lo prendieron.

- Si quieres, puedo acompañarte. Sé que mi familia, mis padres y mis tíos están muertos. Los vi convertirse antes de que nos llevasen los militares. –decía con voz triste.

- Te lo agradezco. –le pasó un brazo por los hombros.


Se conocían desde unos pocos días atrás. Pero le había tomado cierto cariño. En apariencia parecía frágil, pero si había logrado llegar viva hasta aquí, la convertía en fuerte. Igual que ella. A diferencia, de que ella ya no tenía por qué luchar. Nestore, les avisó de que se marchaba al aparcamiento. Iba ataviado con varias garrafas vacías y un tubo de plástico. Desde su posición, alcanzaban a ver todo lo que hacía. Estaba sacando la gasolina de los coches y del camión. Fue recopilando no menos de diez garrafas. Con extrema habilidad, logró desbloquear las puertas de dos coches familiares. En segundos, logró arrancar uno de ellos, y darle marcha atrás acercándolo a las garrafas. Abrió el maletero y cargó la mitad de las garrafas. Hizo lo mismo con el otro coche, pero esta vez llegó hasta la tienda. Volvió a por el otro coche y también lo aparcó cerca de la tienda. Rebuscó en la tienda varios mapas impresos, y con un rotulador fue marcando algo en ellos. Después salió para hablar con ellas, que lo miraban expectantes.

- En este mapa os he señalado la mejor ruta para evitar ciudades grandes, o con peligro de aglomeraciones. –explicaba- En el coche, hay dos cables sueltos. Pisad el embrague antes de conectarlos. Para parar el vehículo, tendréis que calarlo. Siento no haber encontrado las llaves. En la tienda, aún quedan provisiones para todos. 

- Espera, espera…-decía Alicia sin comprender.

- Tienes decidido que vas a tu casa. Yo también a la mía. Me llevo al chico. He hablado con él, y por las indicaciones que me ha dado, es de la misma zona que yo. Con un poco de suerte, podremos encontrar a alguien. 


En cierto modo, agradecía lo que Nestore estaba haciendo por ella. 

- Te agradezco todo. –dijo con media sonrisa.

- No hay de qué. –de su cartuchera, sacó su pistola. Comprobó la munición, y de otro bolsillo sacó dos cargadores- Antes de disparar, quita el seguro. 

- No creo que sepa utilizarla. –dijo temblorosa.

- Aprenderás. Solo utilízala en caso de emergencia. Ya sabes… atrae a los indeseables. 


Nestore y Luka fueron los primeros en subirse a su vehículo. La tienda quedó completamente vacía. Antes de marcharse, se fundió en un abrazo con las mujeres, y les deseo suerte. El niño, permaneció en el asiento del coche. Después vieron cómo se marchaban. 

- ¿Qué hacemos? –preguntó Mellea. 

- Aun es de día. ¿nos vamos?


Mellea, que parecía ansiosa por empezar la ruta, sonrió a la vez que se sentaba en el asiento del copiloto. Alicia, también se colocó en posición, y antes de poner en marcha el coche, observó el mapa marcado por Nestore. Memorizó algunas partes, y dejó que Mellea doblara de nuevo el mapa, mientras ella, por primera vez, arrancaba un coche como un delincuente. Enseguida arrancó. 

Recorrieron varios kilómetros hasta que comenzaba a anochecer. Descubrieron un hotel de tres estrellas en buenas condiciones, y escondieron el coche por la zona de carga y descarga. Rodearon el recinto para observar los peligros. Por suerte, este había sido desalojado en cuanto los primeros casos salieron a la luz. No había coches en el aparcamiento subterráneo. La puerta que daba acceso desde allí, estaba abierta. Alicia sacó la pistola que le dio Nestore y quitó el seguro. Mellea encontró una barra metálica, que se apropió como su arma en esos momentos. El pasillo interior, daba a unas escaleras. Tuvo que encender la linterna para iluminar la estancia. No había signos de lucha ni sangre. Subieron con mucha cautela, y sin hacer ruido, las escaleras, hasta llegar al primer piso. Era la recepción. Se notaba que había salido a toda prisa. Pero no encontraron ni cadáveres y muertos andantes. 

- Parece despejado. –susurró Alicia.


Miraron en el salón restaurante, en la tienda de regalos, en los almacenes de la limpieza. Excepto en las habitaciones. Con reparos, subieron hasta la primera planta de habitaciones. Se sorprendieron al ver que las luces de emergencia aun funcionaban. Las puertas estaban cerradas. Visitaron las otras cuatro plantas. No había ninguna puerta abierta. Aunque no era síntoma de que algún cliente rezagado se quedara dentro. Mellea, golpeaba en las puertas.

- ¿Qué haces? –preguntó Alicia con el corazón en un puño.

- Si hay alguno dentro, lo sabremos si hacemos ruido. Al menos podremos saber en cual podemos entrar y cual no. –contestó como si fuera algo obvio.


Siguiendo con esa pauta, supieron que en doce habitaciones, aun se encontraban infectados dentro. Con más tranquilidad, intentaron averiguar cómo entrar en una habitación. Era tentador volver a dormir en un colchón con almohada. 

- Mientras no haya electricidad, no creo que podamos abrirlas. –repuso Alicia.

- Pues hagamos palanca. No parecen puertas muy fuertes.


En la habitación número uno del hotel, hicieron palanca con un hierro plano que encontraron en las escaleras. La puerta cedió sin problemas. Aunque al caerse la barra, provocó un estruendo que excitó a los infectados de esa planta. Se mantuvieron quietas y en silencio, con la carne de gallina al pensar que podrían salir de sus habitaciones. Pero al poco se calmaron y no continuaron golpeando las puertas. La habitación estaba a oscuras. Alicia la iluminó con la linterna. Estaba impecable. Como si nadie la hubiera utilizado antes del desalojo. Disponía de dos camas individuales, un armario empotrado, un escritorio con una televisión antigua encima, y una silla. Retiró las cortinas, y algo de luz iluminó la habitación. Mellea se dejó caer en una de las camas más próxima a la ventana. Alicia sonrió, e hizo lo mismo en la otra. 

- Oh dios. Que gusto. –notaba como las vértebras le crujían.

- Como echo de menos mi cama. –dijo Mellea estirándose, y colocándose la almohada debajo de su cabeza. 

- Yo también. 

- Mira…-le señaló un mueble debajo del escritorio-… me apuesto lo que quieras a que hay alcohol y chocolate.


Alicia la miró divertida. Ambas se levantaron a la vez, como si de una carrera se tratase. Lanzándose hacia el mueble. Efectivamente, dentro del mueble, se encontraba la mini nevera. Sin frio. Pero con todo el contenido intacto. Rieron, como si hubieran encontrado un tesoro. Mellea, se hizo con una botellita de vodka diminuta. La abrió y le dio un sorbo tan grande que no quedó nada en su interior. Alicia la miraba sorprendida. Se relamió, al ver una tableta de chocolate triangular. Antes de comer el primer trozo, dio un pequeño sorbito a una botellita de ginebra. Para cuando se dieron cuenta, habían acabado con todas las botellas y snacks. Alicia se levantó mareada. Se aproximó al lavabo y vomitó. Desde fuera, escuchó como Mellea se reía a carcajadas. Incluso ella, al verse así, entre arcadas se reía de sí misma. Como si fuera lo normal, se levantó al grifo y lo abrió. De ella salió agua. Con fuerza. Mellea se cayó y llego hasta el baño atraída por el agua. 

- ¿Hay agua? –preguntó dificultosamente debido al alcohol ingerido.

- Si…


Mellea se metió en la ducha, y abrió los grifos. Las tuberías carraspearon un momento, pero de repente un gran chorro la empapó. Al principio era agua ligeramente marrón, pero a medida que salía se clareaba. Estaba fría, aunque la sensación de meterse en agua limpia era sensacional. Tras unos segundos, comenzó a salir caliente. 

- Alicia… -dijo riéndose-… sale caliente. ¿Cómo es posible?

- No me digas… pues no lo sé. Pero pienso aprovecharla yo también.


Hizo que Mellea se apartase y se metió bajo el chorro de agua caliente. Aun había unos sobres de champú y gel, que obviamente no desaprovechó. Le daba igual que estuviese ella delante. Se quitó la camiseta, los pantalones y la ropa interior. 

- Tu deberías hacer lo mismo, hueles fatal…-no pudo contener una nueva carcajada.


La chica le hizo caso, y trató de desnudarse sin resbalar. Recuperaron la sensación de estar limpias y con buen olor. Cuando creyeron que ya era suficiente, apagaron los grifos y utilizaron las toallas que seguían en su sitio. Un poco polvorientas, pero nada importante. Alicia fue hasta su cama, y se tumbó. No se había dado cuenta de cuan cansada estaba, y después de una buena ducha su cuerpo le pedía descansar. Tras tantas semanas durmiendo en campamentos, lugares abandonados o surtidores llenos de cadáveres, esa habitación de hotel era un lujo. Cerró los ojos, y trató de relajarse. Los brazos y piernas le dolían por no estar en tensión. Era agradable. Tan solo le faltaba una cosa. Que Roberto, Raúl y Rebeca estuvieran aquí con ella. Dejó escapar una sonrisa al imaginárselo. Sentía que se dormía. Quizá ya por instinto, cada vez que notaba que no era consciente, se despertaba sobresaltada. Pero al ver que ya no había peligro, al menos por el momento, volvía a cerrar los ojos. Se estaba quedando dormida de nuevo. Empezó a notar mucho calor. Su corazón latía acelerado. Noto un pinchazo de placer en el vientre. No entendía que le pasaba. Pensó que era por el cansancio. Abrió levemente los ojos, y descubrió a Mellea a su lado. Recostada. No sabía cuándo, pero le había quitado la toalla que se había puesto de pecho para abajo. Le estaba acariciando la comisura de su sexo, provocándole eléctricos puntazos de placer. Al fin reaccionó.

- ¿Qué cojones haces? –preguntó Alicia asustada y tratando de taparse.


Mellea se levantó como un rayo, quedándose de pie se llevó las manos a la cara avergonzada.

- Lo siento… ha sido el alcohol, la ducha, verte desnuda… me… he sentido excitada… -los colores de sus mejillas habían tomado un color rojo intenso.


Alicia se sentía rara. Ver a Mellea, allí de pie, completamente desnuda. Atrajo su atención, la esmerada figura de la joven. Tragó saliva, recordando esos impulsos eléctricos que le estaba provocando sus caricias, y quizá el alcohol, la llamó de nuevo. 

- Ven…-dijo temblorosa-… hazme otra vez eso que me estabas haciendo.


Comentarios

Cris Albala ha dicho que…
Me encanta volver con Alicia... que agradable sorpresa ;)