La nieve los trajo. Capítulo 12.

Capítulo 12.


Un segundo disparo les puso más nerviosos. Sobre todo a Raúl. Pensando en Rebeca. Pero aquella persona que se interponía, no les permitía seguir avanzando. De hecho les pedía silencio. No podía verle la cara. Una bufanda de color marrón, y la capucha de un abrigo de plumas, tan solo se dejaba entrever unos ojos con rasgos orientales. 

- Quita de en medio –le gritó Raúl tratando de avanzar.


Pero aquella persona, con un rápido movimiento, le agarró de la muñeca. Retorciéndola, y haciendo caer de rodillas a Raúl. Eli, solo miraba aterrorizada. 

- Que me sueltes –ordenó Raúl enfurecido.

- Cállate, y saldrás vivo. –dijo una voz de mujer, en perfecto castellano pero con acento extranjero- ¿Quién está dentro de la cabaña?

- Mi hermana –dijo dolorido.

- Son malas personas. –dijo soltándole la muñeca- Si os escondéis bien, quizá pueda ayudar a tu hermana.

- ¿Quién cojones eres tú? –dijo Raúl, viendo cómo se alejaba entre los árboles. 


Desobedeciendo las órdenes de la chica, fueron siguiéndola muy por detrás. Se escondían entre los árboles, hasta que quedar a unos metros de la casa de Ramón. Perdieron de vista a la chica, pero ahora podían observar a cinco hombres, armados con escopetas. Uno de ellos, se encontraba en la puerta. Los otros cuatro, apuntando a las ventanas. 

- Abrid, y no habrá problemas. –dijo el hombre- Solo necesitamos algo de ayuda. 

- No voy a abrir. –contestó Ramón- Yo también estoy armado. 

- Vamos hombre. Sé que tenéis un bebe dentro. Se le escucha llorar a varios kilómetros. ¿De verdad quieres que le pase algo por tu necedad?


No hubo más respuesta que un tercer disparo por parte de Ramón, que ninguno supo desde donde vino. Alcanzando a uno de los cinco hombres en pleno entrecejo. 

- Joder –gritó el hombre de la puerta- ahora si la has cagado. 


Justo antes de disparar contra puerta, la chica de antes, apareció. Parecía que sabía artes marciales. Con rápidos movimientos, le desarmó. Era tan rápida, que los otros tres que quedaban, no pudieron alcanzar a disparar con seguridad de no dañar a su compañero. Desapareció de nuevo entre los árboles. Ramón disparó de nuevo su escopeta, pero esta vez no logró alcanzar a nadie. El hombre, que parecía ser el líder, tuvo que esconderse en uno de los laterales de la casa. Lejos de las ventanas. Pero en ese momento, descubrió a Raúl y Eli. Hizo unas señales a sus compañeros, que desaparecieron. Para volver a aparecer, con ellos.

- Eh, -dijo el hombre- mira por la ventana y si tienes cojones, vuelves a disparar.


Hubo unos largos segundos de silencio. Eli y Raúl, permanecían delante de una de las ventanas con las manos atadas y siendo apuntados por los otros hombres. En ese momento, Ramón abrió la puerta y salió con las manos en alto.

- Está bien. Ganáis. –dijo Ramón.

- ¿Ves como no era tan difícil? –salió de su escondite el líder.

- Llevaos lo que queráis, pero soltarlos ahora mismo. –ordenó Ramón.

- Tú eres tonto. –se acercó a Ramón, dándole un severo puñetazo en el estómago. –Venga, salir los de dentro. 


Uno a uno, salieron. Mónica miraba a Raúl con miedo. Llevaba a Rebeca en brazos. El hombre al verla, se acercó a la niña haciéndole muecas graciosas.

- Como le hagas algo, te mato. –dijo Raúl envalentonado.


El hombre le miró burlonamente. Hizo un gesto a uno de sus hombres y entraron. Comenzaban a llevarse todo. Reina, de reojo, vio a la chica entre los árboles. Está le hizo un gesto. Ramón se dio cuenta y miró a Reina. Cuando entraron de nuevo el líder y su compañero, la chica apareció por detrás de los que custodiaban a Raúl y Eli. De nuevo, con mucha habilidad, logró desarmar y dejar inconscientes a los dos. En el momento que salían de la casa, Ramón se lanzó contra el que tenía el arma. Reina a por el líder, que le cogió por el cuello, haciéndolo caer de rodillas. Sin embargo, el que estaba con Ramón, consiguió disparar. Ramón cayó al suelo, y el hombre salió corriendo. 

- Estáis muertos –dijo el hombre antes de quedar inconsciente.


La chica, rápidamente, se acercó a Ramón. Había recibido un disparo en el hombro. Quizá por el dolor, permanecía sin despertar. La chica, por fin descubrió su cara. Tenía el pelo suelto, de color negro y sucio. Su cara era claramente oriental, pero con rasgos mediterráneos. De uno de sus bolsillos, sacó una navaja. No era muy grande. Le rasgó el abrigo y la camisa, y dejó al descubierto la herida. Tan solo había sido un rasguño. 

- Rápido, Aitor, -dijo la chica- hay que llevarlo dentro y desinfectar la herida. 

- ¿Aitor? –preguntó Raúl extrañado.

- Luego te cuento. –dijo Reina llevando a Ramón para dentro.


La chica, le practicó una cura a Ramón. Ante la atenta mirada del resto. Raúl y Héctor, ataron a un árbol a los dos hombres que quedaban. Estaban inconscientes. Aunque uno de ellos, comenzaba a recuperarse. Mónica y Eli, recogieron todo lo que les habían robado esos hombres. La chica, de nuevo, sacó de uno de sus bolsillos una bolsita pequeña con alguna hierba en su interior. La machacó sobre un mortero. Le añadió agua, y se la dio a de beber a Ramón. Este comenzaba a despertarse. 

- ¿Qué le has dado? –preguntó Héctor.

- Un antibiótico natural. –contestó la chica.


Reina se acercó a la chica y ambos se fundieron en un abrazo.

- Pensé que habrías muerto. –le dijo la chica.

- Llevo semanas con ellos. –le acarició el pelo.

- ¿Nos vais a contar algo? –dijo Mónica.

- Ella es Sharpay –presentó- Es medio hermana mía. 

- Mi padre se casó con su madre. –siguió Sharpay.

- No es por nada –interrumpió Mónica- Pero los de fuera empiezan a despertar.


Ramón, al oír eso, se levantó. Trataron de controlarle, pero no pudieron. Cogió una de sus armas y salió, perseguido por el resto.

- Tranquilo Ramón –decía Reina.


Pero este no contestaba. Se acercó al líder y con la culata de su pistola le golpeo en la cara. Provocando una gran herida en el pómulo. 

- ¿Cuántos más? –preguntó alzando la mano.

- Que te den…-contestó.


Ante esa respuesta, cargó su arma y le apuntó.

- ¿Cuántos? –preguntó de nuevo.


El líder se limitó a recoger la sangre que caía por su boca y escupirle. A lo que Ramón contestó disparando a bocajarro al que tenía al lado. El líder, cambio su semblante desafiante por algo de terror.

- El siguiente eres tú. –le volvía a apuntar.

- Estas como una puta cabra –decía con los ojos abiertos y sin pestañear- Solo éramos unos cuantos. Tratamos de sobrevivir.

- A costa de los demás… intimidándolos. Incluso matándolos.

- Mierda, tío. Nosotros no hemos matado a nadie. –se notaba cierto miedo en sus palabras.- Lo admito, usábamos el miedo para robar. Pero joder, no hemos matado a nadie.

- Mentira –le interrumpió Sharpay- no le creas. Mátalo. Igual que hizo con mi familia. 


Reina escuchó eso y se enfureció. Miró a su hermana, y está le hizo un gesto de confirmación. 

- Mierda, -dijo el hombre- eso fue un error. De verdad que lo siento. 


Reina le arrebató el arma a Ramón, y le disparó. Todos, incluido Ramón, se quedaron estupefactos. Después dejó caer el arma y se fue corriendo por el bosque. Aquello les superaba a todos. De pronto, Ramón, consciente de la situación, también abandonó el exterior, y se encerró en su habitación. 

- No os preocupéis, -dijo Sharpay- Siempre vuelve. Lo hace a menudo. 

- ¿Esta gente mató a tu familia? –preguntó Raúl.

- Mi padre tenía una tienda de ultramarinos. Nos resguardamos ahí cuando empezó todo. Al cabo de unas semanas, esta gente llegó para robar. Mi padre les hizo frente. Los mataron a sangre fría, y entre risas. Yo logré escapar por la ventana del servicio. Llevaba semanas siguiéndolos, hasta que os vi. Lo que no sabía es que Aitor estaba con vosotros. 

- Nos dijo que se llama Reina. –dijo Eli.

- El apellido de su padre. –contestó Sharpay.

- Deberíamos entrar. Hemos hecho mucho ruido. –dijo Héctor.


Dejaron a la intemperie, al único hombre que quedaba con vida. Rogándoles que le soltasen. Que no le abandonasen allí con el frio. Pero nadie le hizo caso. Al entrar, Raúl, trató de hablar con Ramón. Pero no lo consiguió. Aquella era la primera vez que tenían que hacer frente a otro de los mayores problemas. Los vivos. Estaba claro que ya no quedaba autoridad alguna. Y si lo había, no ejercía como tal. La humanidad estaba abandonada a su suerte, y solo los más fuertes sobrevivirían. Por suerte, Reina y su media hermana, parecían ser sus salvavidas. El primero cuando rescataron a Eli en su casa, y después ella en mitad del bosque contra los saqueadores. 

Ya era de noche, y Reina no aparecía. La única que no estaba preocupada era Sharpay. Pero como ya les dijo, siempre vuelve. Quien no quitaba ojo a la hispano-china, era Héctor. Estaba embelesado con ella. No era para menos. Calculó que no tendría más de dieciocho años. Pero lo que más le gustaba eran esos rasgos orientales, mezclados con los occidentales. 

- Sé que no es mucho, -dijo Héctor a Sharpay- pero puedes utilizar mi ración de jabón para asearte.

- Muchas gracias –le devolvió el gesto con una sonrisa que sacó los colores al joven- Eres muy amable.


Aquella noche, como era de esperar, dado el alboroto que habían producido, fueron visitados por un par de hostiles. Mientras se entretenían con el hombre atado al árbol, los abatieron por sorpresa. El hombre que les atacó no tuvo tanta suerte. Aun así, hacían turnos de vigilancia. Amaneciendo, Raúl que era el encargado a esa hora de vigilar, vio venir a otro hostil. Se había preparado para abatirlo, pero pasó de largo. Seguidamente, otro apareció. También pasando de largo. Ajeno a la vida que había dentro de la casa. En cierto modo, estaba preocupado por Reina. Había pasado la noche fuera, y seguía sin aparecer. Poco a poco se ha ido acostumbrando a que la gente se marche y no vuelva. Pero no pudo reprimir un atisbo de inseguridad. Mónica se despertó en ese momento. Se abrazó a él por detrás. Juntos miraban por la ventana. 

- ¿Cómo te encuentras? –le preguntó ella.

- Triste. –susurró para no despertar a los demás.

- Esto cada vez se pone más peligroso. Primero eran esos seres. Pero ahora… me dan más miedo los vivos. Soy consciente de que ya no queda sociedad alguna. Algo que me aterra. Pero el tener que enfrentarnos a otras personas, para comer y beber… 

- Lo se…

- Además… tu hermana… creo que está olvidando a tus padres.

- ¿Por qué?

- Me ha llamado mamá varias veces. He tratado de explicarle. Pero es muy pequeña. Quiero que entiendas, que la cuido como si fuera mía. Pero… 

- No te preocupes… mi madre seguramente esté muerta. 

- No es eso… ¿en qué condiciones va a crecer una niña de dos años? Viendo como nos matamos unos a otros…

- Lo de ayer fue… horrible. Quizá Reina tenga razón, y debemos cambiar el chip.

- No sé si estoy preparada para esto…


Comentarios

Cris Albala ha dicho que…
Comienzan los problemas con los vivos... uno ha escapado, no?
Genial capítulo!!!