Hasta que la muerte nos reúna. Capítulo 27

Ha pasado casi un mes desde que llegué. Aún sigo sin recordar nada de mi vida anterior. Me he integrado perfectamente a la gente del hotel, pero siempre me quedan dudas de quien era. Todos los días me hago la misma pregunta una y otra vez. Mis heridas superficiales están completamente recuperadas. Pero mi mente no. Ayer fui consciente al cien por cien, en el mundo en el que vivimos. Marta preparó un equipo de excursión, y me llevó a ver las localidades más cercanas. La deterioración de los edificios, de los coches, de las carreteras. Escapando de grupos innumerables de infectados vagando por los campos o autovías. Me causó mucho impacto. Pues aunque no recordaba mi vida. Si lo hacía de cómo era el mundo antes del apocalipsis. Me han enseñado a matarlos. También como entrar en casas para saquear recursos. Y de como la desconfianza entre los vivos va en aumento. Cada vez que nos encontrábamos con alguien vivo, cada uno tratábamos de evitarnos. Salvo los que, esporádicamente, y solitarios llegaban a las puertas del hotel. Andrés les ponía a prueba, los examinaba y decidía si eran aptos para pertenecer al grupo.
Casi siempre, había un grupo de expedición, que se pasaba días buscando combustible para mantener la electricidad en el complejo. Eran gente ya experta, y no corrían peligro alguno. Quise unirme a ellos, pero Marta lo denegó. Decía que era más importante que ayudase dentro. Así que me pasaban las horas aprendiendo agricultura o pesca. Cuando no, disfrutando de los días soleados en la playa. La mayor parte del tiempo, Marta me tenía ocupado. Quizá esa era su función. Siempre que podíamos hablábamos y trataba de hacerme recordar. Pero terminábamos hablando de cosas distintas. Me sentía cómodo en aquel lugar, y no quería dejarlo por nada del mundo.
Angel se acercó, mientras estaba sentado en la orilla escuchando el mar.
-¿Qué pasa tío? –me dijo mientras se agachaba con cierta dificultad dada su anatomía.
-Bien Angel, -contesté- relajándome con las olas.
-¿Sigues sin recordar? –preguntó
-Si colega. Nada de nada.
-Quizá esto te ayude. –sacó de uno de sus bolsillos de la camisa, un porro.
-¿Un porro? –pregunté entre risas
-Marcos, uno del equipo de incursiones, se encontró una planta enorme de maría. La tiene en su habitación. De vez en cuando nos damos unas caladas. –contaba como un juvenil que era.
-Venga trae…-dije quitándoselo de las manos- ¿tienes mechero?
-Claro tío.

Sacó el mechero y yo mismo me encendí el porro. La primera calada me hizo toser. No recordaba si sabía fumar, pero lo hice. Enseguida Angel me lo quitó de las manos. Dio dos caladas profundas y me lo pasó. Se tumbó en la arena y se partía el culo el solo. Al verlo, me entró la risa floja. Tras acabarnos el porro. Ambos permanecimos largo rato tumbados y riéndonos por nada. Me dolía el estómago de tanto reír.
-¿Qué? ¿Recuerdas ya? –volvió a reírse
-Pufff, no. Jajaja- contesté
-No recordarás, pero te lo estás pasando de puta madre. ¿me oyes?

Dejé de escucharle. Miraba al cielo y las nubes pasaban a toda velocidad. Creía que era una de ellas. Por un momento sentí que estaba de nuevo en aquella oscuridad. El clímax era similar. Me vino la ráfaga de un coche aparcado en un garaje. Un coche de color azul oscuro. No pude distinguir la marca. La imagen venía y se iba con la misma rapidez. Al final, el chaval, iba a tener la razón de que me ayudaría. No mucho, pero algo lo hizo. Cuando volví en mí. Tenía a Marta con cara de perros de pie frente a nosotros.
-Eh –nos gritó- ya os vale.
-Marta, no te enfades…-dijo Angel entre risas.
-Eso…-me reí yo también-… no te enfades.

Nos dio una patada sin fuerza y se marchó diciendo improperios, que nos hizo mucha más gracia. Para terminar el cocolón, me levanté y me desnudé. Angel retiró la mirada. Fui corriendo hasta el agua y me tiré de cabeza cuando ya no pude correr más. Buceé con los ojos cerrados y salí de nuevo a tomar aire. No tocaba fondo y me dejé llevar por la corriente tumbado bocarriba. La sensación era fantástica. Hasta que noté que algo rozaba mi pie. Me asusté y miré hacia todos lados. Volví a notar el roce, esta vez bajo el agua. Sumergí la cabeza, y abrí los ojos. Era un infectado que trataba de alcanzarme. Tragué agua del susto, y volví nadando a la orilla.
-Mierda. Mierda. Mierda. –me tocaba mi pie limpiándolo
Angel seguía tumbado y descojonado de la risa. Me vestí y me fui hasta mi habitación a secarme. Me tumbé con una toalla atada a mi cintura y me quedé pensativo. ¿Sería importante aquel coche? Toc toc. Llamaron a la puerta. Al abrir, me encontré de frente con Marta. Supuse que vendría a darme la bronca. Pero no. Portaba en una mano una botella de ron, y dos vasos de chupitos.
-Ya que veo que te gusta pasártelo bien, me gustaría participar. –dijo, entrando sin permiso
-Pasa pasa,…-dije ya, solo en el pasillo

Cuando entré, ya tenía servidos dos vasitos. Me tendió uno y el otro se lo tomó sin pensar. Hice lo mismo. Soltó su vasito en la mesa algo agresiva, y me instó a que hiciera lo mismo. Sirvió otros dos. Que acto seguido bebimos. Yo ya empezaba a notarme muy mareado. Ella no tanto. Esta vez, no sirvió la bebida en los vasitos. Directamente bebió de la botella. Me tendió la botella y di un trago corto. Me hizo un gesto de negación con la cabeza, y elevó la botella para que bebiese más. Lo hice. Bebí un trago más largo. Me quemaba por toda la garganta hasta llegar al estómago. Me quitó la botella y dio un trago. Pero lo dejó en su boca. Me miró pícara y acepté su invitación. Acerque mi boca a la suya y vertió su contenido sobre mí. Se separó dándome un empujón.
-Me toca a mí. –ordenó
Tomé algo de líquido que retuve en mi boca. Me cogió de la cara y absorbió el ron directamente de mi boca. Acto seguido noté su lengua dentro y le devolví el gesto. Cuando se separó de mí, bajó su mirada hacia la toalla. Estaba algo abultada. Se mordió el labio inferior y me retiró de un tirón la toalla. Empezó a desabrocharse la camisa. Dejó a la vista dos hermosos pechos que aun cubrían el sujetador. No tardó en quitárselo con mucha lentitud, ante mi ardiente mirada. Me lancé a ellos. Mientras desabrochaba su pantalón. Ya desnudos, la senté en la mesa escritorio y follamos salvajemente. Terminamos en la cama, con un segundo polvo.
Cuando nos dimos cuenta de lo que hicimos, ella se vistió y se largó de la habitación sin decir nada. Yo seguía borracho. Me vestí y me lavé la cara. Me quedé observándome en el espejo.
-¿Quién cojones eres? –dije cabreado.

Al día siguiente tardé en levantarme. La resaca era descomunal. Al bajar al restaurante, me crucé con Marta. Me dio los buenos días y prosiguió su camino. Supe que se había arrepentido. Pero no fui yo quien la buscó. No le di mayor importancia. En una de las mesas, estaba Andrés. Me serví un vaso de leche y me senté a su lado.
-¿Qué le has hecho? –preguntó sin dejar de mirar el libro que estaba leyendo.
-¿Cómo? –pregunté incrédulo
-Os he visto en la entrada. No hay que ser detective para saber que algo os pasa. –dijo nuevamente sin dejar de leer.
-No sé si puedo decirlo. –contesté
-Si hay algo entre vosotros, me importa una mierda. Lo que no me importa es que nadie le haga daño. Es una buena chica y la tengo mucho cariño. Ha hecho mucho por estar aquí. –dejó el libro y dio un sorbo a un té verde.
-Preferiría no seguir por ahí…-cambié de tercio-… ¿crees que recuperaré la memoria?
-Es posible. –se limitó a contestar
-Pero también es posible que no, ¿verdad? –pregunté
-Así es. –dio otro sorbo- Solo soy médico de urgencias. No estoy muy de lleno en asuntos neuronales.
-Me gustaría colaborar en algo más. Estoy un poco cansado de regar tomates o lanzar una caña.
-Habla con Marta. –desvió la responsabilidad.
-Ya lo he hecho. Pero no quiere que me una al grupo de expediciones.
-Eso es que le importas. –me miró seriamente.

Eso me hizo que pensar. Si le importaba, ¿Por qué ahora me ignoraba?
-Hablaré con ella. –prosiguió
-Gracias.

Por la puerta entró Chari, una de las vigías.
-Andrés, han llegado dos más. –le informó
-Si no te importa, -se levantó y se terminó la taza de té de un trago- tengo trabajo que hacer.
Me quedé solo en aquella sala de restaurante. Marta esperó a que Andrés se fuera, para entrar.
-Que te quede bien claro, -dijo algo hostil- lo que ha pasado ha pasado porque una tiene sus necesidades, pero no te hagas cosas raras en la cabeza. –miró al techo- Mas de las que tienes.
-No te entiendo, la verdad. –confesé
-Imagino que has hablado con Andrés, para convencerle de que te deje ir con el grupo de expediciones. –intuyó bien- Por mi puedes hacer lo que te dé la gana. Solo te intento proteger de los peligros que hay fuera.
-Y te lo agradezco. Si no me importase tu opinión, no te pediría permiso. ¿lo sabes?

Se quedó en silencio. Golpeó la mesa y se volvió a marchar otra vez. Me ponía de los nervios esa actitud.
Di una vuelta por los huertos, ayudando a quien fuera. Me daba un baño en la playa, y volvía. Y así, todo el día. Al subir por las escaleras para ir a mi habitación, pasé por el pasillo de la enfermería. Tenía curiosidad por saber quiénes eran los nuevos. La puerta estaba abierta y Andrés estaba atendiendo a uno de ellos. No lo conocía. El otro, sentando en otra camilla no dejaba de mirarme. Tampoco lo conocía. Aunque por la cara de aquel hombre, supe que algo le pasaba. Los ojos los tenía abiertos de par en par. Incluso diría que se asustó al verme. Andrés llegó en ese momento, me vio y cerró la puerta.

Comentarios

Cris Albala ha dicho que…
Buen capítulo, como siempre con ganas de más... quienes serán???
Leo Menendez ha dicho que…
Maldito cliffhanger! Chuso, te estás volviendo un escritor psicopata y estás jugando con nuestros sentimientos.