Hasta que la muerte nos reúna. Capítulo 32

Todos nos quedamos estupefactos. Marta me miraba nerviosamente. Mi cabeza daba vueltas sin parar. Le solté y me aparté unos metros. Aquello era lo que menos me esperaba después de decidir seguir adelante. Escuché como Marta hablaba con él.
- ¿De verdad eres su hermano? –preguntaba atónita
- Lo vi morir…-contestó
- ¿Cómo que lo viste morir? –continuó Marta
- No puede ser mi hermano. –decía el hombre- Está distinto. Su mirada no es la misma.
- Escúchame, -le ordenó Marta- lo encontré tirado en la playa, en Barcelona. Despertó amnésico. ¿Os pasó algo? ¿Ibais en algún barco? ¿Crucero?

Mi supuesto hermano se acercó a mí.
- ¿Cómo es posible que estés vivo? –me preguntó- ¿No me reconoces?
- No. –contesté- No recuerdo nada de mi vida, desde hace casi dos meses.
- Soy Dani…-decía-… tu hermano pequeño… ¿Cómo es posible que no sepas quién soy?

Marta lo apartó de mí y me llevó a un lugar a solas. Donde nadie nos pudiera oír.
- ¿Estás bien? –me preguntó
- Confundido. –contesté.
- Escucha. –decía nerviosa- Es posible que esté diciendo la verdad dada su reacción. Podemos oír lo que te sucedió, y a partir de ahí, decidimos. ¿Qué te parece?
- Si. Si. –le dije- Esto no lo esperaba. No quiero que nuestros planes se vayan a la mierda.

Nos reunimos todos alrededor de nuestro coche. Nos contaba detalles y aspectos de mi vida antes del apocalipsis. De cómo, más tarde, nos reunimos en un camping en la sierra de Madrid. Los problemas que tuvimos con unos curas y chinos. Incluso me hablo de mi mujer, Silvia. En esa parte, vi a Marta más nerviosa. Entonces vino la parte en la que el hombre que nos encontramos en el hotel, nos traicionó. De cómo aquellos marineros, nos secuestraron.
- Cuando nos subieron al barco, nos encerraron individualmente en unos camarotes. Pasamos una noche allí, y después nos subieron a la cubierta. Te presionaban para que aceptases que se llevaran a Silvia, Maria y Caterina. No dabas tu brazo a torcer. –paró un momento para respirar- Después vino lo peor. Para convencerte de que te unieras a ellos, mataron primero a Pol y después a Marcelo. Trataste de impedirlo, y entre cinco o seis hombres te dieron una paliza. Yo pensaba que iba a ser el siguiente, pero te dieron un golpe brutal en la cabeza y emanabas sangre por todos lados. Sabíamos que te habían matado. No tuve elección, y me rendí. Ellas necesitaban ayuda. Vimos cómo te tiraban por la borda, y nunca más supimos de ti. Te dimos por muerto.
- Joooooder. –dijo Sergio- La ostia, lo que os ha pasado es de traca.
- ¿Qué pasa con las chicas? –pregunté
- Están bien. Bueno…-contestó- todo lo bien que pueden estar. Yo conseguí ganarme la confianza del Patrón. Como le llaman todos. A la única que pude proteger, realmente, es a Silvia.
- Pero tú estás aquí. ¿Por qué? –preguntó Marta
- Como os cuento, me he ganado su confianza. Pero solo para prepararnos.
- ¿Prepararos para qué? –pregunté
- Esta gente con la que voy, son familiares de las mujeres de la isla. A unos veinte kilómetros, en un polígono industrial, nos reunimos a espaldas de esa gente para elaborar un plan y liberar a todas esas mujeres sometidas. –nos contaba
- ¿y ahora que va a pasar? –preguntó uno de los hombres de Dani
- Supongo que te unirás a nosotros, ¿verdad? –me preguntó Dani
- No lo sé…-contesté sincero-…no te reconozco. Todo lo que me has contado de mí, tiene mucha verosimilitud. Aunque no estoy convencido al cien por cien. Viajé desde Barcelona solo para encontrar respuestas. Pero no me han aclarado nada. No puedo exponer a estas personas por algo que no les incumbe.
- Hazlo por ella. –propuso Dani-Se lo merece. Es una tía genial. Erais la pareja perfecta. No se merece que la abandones ahora. Déjame que prepare una reunión. Puedo sacarla de allí cuando quiera. Siempre que vuelva. Son las normas.

Marta me miraba preocupada. Era una situación que suponía un peligro, desde el punto de vista de Dani.
- Hazlo. –me dijo Marta- No te prometo que vaya a ayudaros con ese plan. Pero creo que debes reunirte con ellos. Quizá recuerdes algo y te ayude.
- Eh, gente –dijo uno de los hombre de Dani- Deberíamos irnos. Se acercan muertos.
- Escucha hermanito. –se apresuró- nos tenemos que ir. Ya sabes dónde está nuestro lugar de reunión. Mañana te espero allí.

El coche que habían estrellado, pudieron arrancarlo. Tenía el morro destrozado, pero andaba. Se fueron a toda prisa. Nosotros hicimos lo mismo. El golpe fue fuerte, pero también lo pudimos mover. Nos subimos y nos largamos de allí antes de que llegaran los muertos. Nos alejamos lo suficiente, para no ser devorados. Buscamos otro vehículo que nos permitiera continuar. Ya que empezaba a dar trompicones y era difícil controlarlo. Mientras traspasábamos las cosas de un coche a otro, noté a Marta inquieta. No me dirigía la palabra. Reanudamos la marcha con el coche nuevo, después de sacar gasolina de otros tres abandonados. Mi mente no dejaba de pensar en la historia que nos contó Dani. Ella lo sabía y aun así no me dijo nada.
- Chicos, -rompí el silencio- parad. Parad.

Sergio detuvo el coche y me miró para ver qué pasaba.

- Sé que no os debo nada. Por eso, no os voy a meter en este embrollo. Creo que voy a aceptar la invitación. –les dije
- ¿estás seguro? –preguntó Marta con tono frio
- Si, por eso, tampoco quiero que me acompañes. No es justo tampoco para ti. No queda muy lejos el polígono donde se reúnen. Me bajaré aquí.
- Y ¿Qué pasa conmigo? –se enfadó
- Sergio, -le llamé-, ¿os importaría hacer una parada en Barcelona?
- Ni de coña, -contestó Marta- no, no y no.
- Escucha Marta, no sé cómo voy a reaccionar cuando vea a mi mujer. Mucho menos la reacción que tenga ella al verme.
- Me da igual. Vine aquí para ayudarte. –insistía- Me prometiste algo, ¿recuerdas? Entiendo que tiene que ser duro, ahora que has encontrado algunas respuestas.
- Ey, ella tiene razón. –dijo Gaspar- Además ya nos has metido en esto. Quiero saber cómo acaba.
- Y yo…-continuó Sergio
- Pues ya lo sabes. –seguía enfadada- mañana, todos, iremos a terminar esto.

Bajé la cabeza a modo de vergüenza. Me estaba comportando como un auténtico gilipollas. Aquellas tres personas me lo ponían todo fácil, y yo complicándolo. Asentí, y Sergio prosiguió. Llegamos hasta los alrededores del polígono. La reunión sería al día siguiente. De todos modos, por precaución, decidimos parar en un lugar seguro y apartado. Aquella noche, casi no dormí ni hable.
Llegado el momento, nos pusimos en marcha. Fuimos hasta el polígono, y en una de las naves vimos coches y movimiento de gente. Al vernos llegar, avisaron a Dani que se encontraba dentro. Nosotros permanecíamos en el coche. Pedí que se quedaran dentro, al menos de momento.
- Mi promesa sigue en pie, -me dijo Marta

Salí del coche y caminé nervioso hacia el grupo de personas que me esperaban en la puerta. Dani, me miraba con desconcierto.
- Ven, -dijo dándose la vuelta- dentro hay alguien que está deseando verte.

Me temblaban las piernas. Hasta me sentí algo mareado. No sabía cómo comportarme en este momento. Pasamos por la puerta, hacia el interior de la nave. Tres hombres y un chico joven, catalogaban en varias mesas, algunas armas con su munición. Al fondo, un pequeño despacho con grandes ventanales. Dentro se encontraban dos mujeres. Al entrar en aquella oficina, una de las mujeres se levantó. Era más baja que yo. Tenía el pelo corto, a media melena sobrepasando las orejas. Supe que sería Silvia. Me miraba con miedo y tristeza a la vez. Los ojos se le inundaron de lágrimas y no podía pronunciar palabra. Caminó hacia mí y me tocó la cara. La observé detenidamente, tratando de recordarla. Imposible. No lo la recordaba. Era una autentica desconocida para mí.
- Hermanito, -dijo Dani- te presento a tu mujer.
- ¿De verdad eres tú? –hablaba bajito y tratando de no llorar.
- Supongo que sí. –conseguí contestar
- ¿Es cierto que no recuerdas nada? –me preguntó cariñosamente
- Lo siento, -contesté con el corazón a mil- no te conozco.
- Soy Silvia, cariño. –me decía aterrada- tu mujer. Llevamos juntos desde hace más de un año.
- Silvia, -la interrumpió Dani- es inútil. No es la persona que conocíamos. A menos que recuerde…
- De verdad que lo siento. –me sentía mal por no reconocerla
- Tranquilo –me dijo Dani- lo entendemos.

Silvia se separó de mí. Ya había perdido a su marido una vez. Ahora que lo encontraba, lo perdía de nuevo. Entonces lo vi. Me fijé bien en ella. Se me cortó la respiración por unos segundos. Si era cierto que era mi mujer, y así lo demostraban, aquello me desconcertó mucho más. Bajé la mirada hacia su vientre. Aunque llevaba una camiseta ancha, se podía distinguir un bulto.
- ¿Estas…? –no pude terminar de preguntar.
- Si… -sonrió levemente-… lo estoy. Lo estamos
- ¿Es mío? –pregunté sabiendo lo que hacían esa isla
- No te preocupes, -interrumpió Dani- no la han tocado.
- Es nuestro. –contestó Silvia

Comentarios

Cris Albala ha dicho que…
Está genial!!! La familia va a crecer??? Ganaremos, no???