Hasta que la muerte nos reúna. Capítulo 33

Tuve que sentarme y pedir un vaso de agua. Aquello trastocaba todo. Tan solo tenía intención de conocerla y si recordaba, quedarme. Seguía sin reconocerla. Pero aquello…aquello lo cambia todo. No estaba con la certeza de que fuera mío, pero todo encajaba. Dentro de mí sabía que los conocía a todos, pero me era imposible saber nada más de lo que ellos me contaban. Antes de secuestrarnos, Silvia ya sabía que estaba embarazada. No quería contármelo, hasta estar completamente segura. Después de lo ocurrido con el Patrón, no tuvo la oportunidad de hacerlo. Necesitaba tomar aire fresco. Fuera aún estaban Marta y los demás. Fuera del coche. Al verme salir pálido, se alertaron.
-¿Qué ha pasado ahí dentro? –me preguntó Marta
-Necesito un cigarro. –contesté

Sergio se apuró en sacar uno de los suyos. Le di dos caladas profundas.
-Marta, no sé qué hacer. –comenté
-Pero cuenta de una jodida vez que ha pasado…-me regañó
-He conocido a Silvia…-dije
-¿Ya está? –se extrañó- ¿sales de esta manera solo por conocerla?
-No solo eso…

Dani y Silvia salían de la nave.
-Joder…-alcanzó a decir Marta sin pestañear-… no me jodas… ¿tiene un bombo?
-Si algo así, -contestó Silvia que ya había llegado donde nosotros- ¿Quién eres?
-Soy Marta. –se presentó amistosamente
-Encantada, soy Silvia –le tendió la mano- Me ha contado Dani, que le ayudaste. Muchas gracias.
-No hay de que…-me miró perpleja
-Eres guapa –dijo Silvia, ante el asombro de todos- ¿estáis juntos?

Si antes estaba pálido, ahora era un muerto viviente como los que nos querían comer a todas horas.
-No pasa nada. –decía Silvia- lo entiendo perfectamente.
-Que cojones…-decía Sergio con una sonrisa de oreja a oreja-… yo estoy flipando colegas… acabas de conocer a tu mujer, algo raro por otra parte. Ahora me entero que también estas con Marta… no tengo nada contra ti, por supuesto… resulta que tu mujer está embarazada, y esta le dice que entiende que esté con otra mujer…
-¡Cállate ya Sergio! –le recriminó Gaspar- Esto es serio, tío.
-¿Podéis dejarnos solos? –les pedí a Silvia y Dani.

Cuando se hubieron alejado un poco. Hablé con Marta.
-Marta, esto lo cambia todo…-comencé- Una cosa es que no recuerde nada, pero voy a ser padre.
-¿Cómo estás seguro de que es tuyo? –preguntó tratando de convencerme de algo
-Las fechas cuadran. –contesté- Por el estado en que va, tiene de más de tres meses. Yo llevo desaparecido un mes y medio.
-Entonces…-la vi abatida y decepcionada-… ¿aquí se separan nuestros caminos?
-De verdad, no es lo que me gustaría. Pero no puedo dejar que ese niño crezca sin padre y en compañía de esas personas.
-Te repito… ¿aquí se separan nuestros caminos? –insistió
-Creo que sí. –contesté conteniendo una lagrima.
-Me alegro de que por fin hayas encontrado a tu gente. A tu mujer y tu futuro hijo. -me decía
-¿Qué vas hacer? ¿vuelves a Barcelona? –pregunté porque no la quería perder para siempre
-Si. Si convenzo a estos de que me acompañen… por no hacer el viaje sola. –contestó- ¿te volveré a ver?
-No lo sé…-dije sincero
-Anda, dame un abrazo –sonrió

La abracé fuertemente. Me gustaba la sensación de tenerla cerca. Sentí como Silvia y Dani me observaban. No quería soltarla, pero ella terminó aquel abrazó. Sergio y Gaspar, hicieron lo mismo. Nos dimos un abrazo. Tan solo habíamos convivido unos días, pero conectamos bien.
-Ha sido un placer conocerte, Jason…-dijo antes de subirse al coche.

Sonreí. Esta mujer nunca cambiará. Es genial. Sergio y Gaspar, como siempre, haciendo bromas.
-¿Le ha llamado Jason? –dijo Gaspar
-Si, terco. Como el de la peli. –contestó con los ojos en blanco
-Ahhhh…ya lo pillo…-decía Gaspar dándose con la mano en la cabeza.
-Adiós tíos, sois la ostia. –me despedí de ellos- Cuidar bien de ella.
-Tranquilo Romeo –contestó Sergio
-¿Cómo? –pregunté extrañamente, pero ya se marchaban

Me quedé allí de pie viendo cómo se marchaban. Pensativo al, paradójicamente, resultarme altamente familiar eso de: Romeo. Dani, me sacó de mi letargo. Me pidió que entráramos dentro. Había muchas cosas que hacer, y poco tiempo. Ellos debían volver a la isla, pues como seguro, el Patrón se quedaba con Caterina. Entendí porque le dejaban salir con Silvia. Que precisamente, no dejaba de mirarme con insistencia y me llegaba incluso a molestar. Por el momento, mi hogar sería aquella nave. Suerte que había un sillón en la oficina, donde poder dormir. Dani me tranquilizó al decirme que aquella zona la habían limpiado de muertos. Era una zona segura. No quitaba que alguno pudiera aparecer. Al final del día, me quedé solo. Cerraron las enormes puertas y el silencio me invadió. De nuevo solo. Aunque ahora tenía en lo que pensar. Por fin había conocido a mi mujer y a mi hermano. Era extraño. Pues no lograba sacarme de la cabeza a Marta. De noche, el viento soplaba con más fuerza. Las placas del techo crujían y temí que el algún momento se desplomara. Miraba todas las estanterías en busca de nada en particular. Manipulé algunas de las armas que guardaban allí. Y observé el mapa con anotaciones que habían pegado a la pared. Al parecer eran puntos donde la gente del Patrón vigilaba para posibles asaltos. De gente que pudiera pasar por allí y apoderarse de sus cosas y mujeres. Además vi la localización exacta de la isla. Aunque no estaba mapeada, ellos la tenían dibujada. Los datos eran inexactos y la distancia con la península era superficial. Desconocía cuales eran los planes para derrotarlos. Tendría que esperar a que volvieran para enterarme. Lo que si tenía claro era que les iban a dar guerra, al volver a mirar las armas. A decir verdad, no eran muchas. Quince pistolas y dos fusiles. Claro, que ellos tampoco eran mucho más.
Al día siguiente, no vino nadie. Me sorprendió. Aunque imaginé que tendrían otras cosas que hacer. Yo no podía permanecer allí sin hacer nada. Di una vuelta por el polígono. Que tan solo contaba con tres naves independientes. Aunque una de ellas, su extensión era considerablemente mayor a las otras dos. En el aparcamiento de esa nave grande, pude arrancar un ciclomotor. Aún conservaba la mitad del depósito. Aunque el arranque eléctrico no funcionó. Lo hice manualmente. Me costó al menos diez intentos. Pero tiempo es lo que me sobraba. Con ayuda de un tubo de plástico, absorbí el interior de un depósito de un coche contiguo. Rellené un cubo con la gasolina que logré sacar. Esto se lo vi hacer en varias ocasiones a la gente de expediciones del hotel.  Con sumo cuidado rellené el depósito de la moto. No se llenó del todo, pero casi podía verlo desde el orificio de llenado. Puse rumbo hacia uno de los puestos de vigilancia más apartados.
Efectivamente, allí había un convoy de tres coches y doce hombres. Escondí la moto en el garaje subterráneo de un edificio de ese pueblo, y subí hasta el quinto piso. Desde allí los observé. La carretera principal la tenía bloqueada con los coches. Si alguien pasaba por allí, se los encontrarían de repente. El paseo marítimo finalizaba en un puerto deportivo. Acerté cuales eran sus barcos, pues en la cubierta se podía ver gente. El resto de barcos estaban hundidos o a medio hundir. Entre el grupo de los de tierra, había un joven que me llamó poderosamente la atención. Tenía el pelo largo y rizado. Con una ligera barba. Parecía ser el más novel. Le hacían bromas pesadas y el siempre bajaba la cabeza. A pesar de estar con ellos, era el único que no portaba arma de fuego. Tan solo una llave inglesa. Había algo de niebla, pero se podía distinguir en el horizonte una silueta. Supuse que era la famosa isla de las mujeres. Calculé que podría haber unos dos o tres kilómetros. Aquel día no pasó nadie a quien asaltar. Casi anocheciendo, tan solo quedaron tres hombres frente a los coches. Aunque otro grupo que salió a buscar recursos llegó y cargaron las cosas en los barcos. Eran dos furgonetas repletas de cajas. No supe de que eran desde esa distancia. Los barcos zarparon hasta la isla. Esa noche me quedé en aquel piso observando sus movimientos. Tan solo aparecieron dos muertos que los aplacaron enseguida. Como era de esperar, aquel edificio ya estaba saqueado y no encontré nada de valor. Me esperé hasta la mañana siguiente para saber cuándo volvían de la isla. Nuevamente, un grupo de personas se subieron en las furgonetas que previamente habían escondido, y se fueron. Sin embargo, otros hombres distintos se quedaron en el puesto de vigilancia. Los tres de la noche fueron al barco. Supuse que a descansar. Saqué de nuevo la moto del garaje, a pie. Una vez fuera, la arranqué y esta vez no le costó tanto. Volví al polígono industrial.
Esta vez, si habían vuelto. Silvia incluida. Al verme llegar en la moto se asustaron.
-Pensábamos que te habías arrepentido –me dijo Dani- ¿Dónde has estado?
-Me cansé de esperar. –contesté- Vi los mapas y decidí investigar por mí mismo.
-Hola, -me dijo Silvia que salía de la nave- ¿Qué tal estas?
-Un poco cansado. –le explique- Me he pasado la noche en un edificio enfrente de un punto de vigilancia.
-No deberías exponerte así. –me dijo- Si te vieran, pondrías en peligro el plan. Ellos no cuentan con que sigas vivo.
-Lo tendré en cuenta. –contesté fríamente
-¿Podemos hablar en privado? –me preguntó

Pasamos dentro de la oficina de grandes ventanales. Cerró la puerta. Nos sentamos en el sillón.
-¿De qué quieres que hablemos? –le pregunté
-De nosotros. –contestó- Esta situación me resulta difícil de encajar.
-Quiero que quede clara una cosa, -interrumpí- Si me he quedado es por ayudaros. Pero sobretodo porque no me gustaría que ese niño creciera con esa gente. En cuanto a nosotros, siento decirte, que no esperes que me comporte como si fuera tu marido, porque no lo soy.
-¿La quieres? –preguntó triste
-Supongo que si –contesté
-Después de todo lo que hemos vivido juntos, esto no es justo para ninguno. –dijo- Yo ya me había hecho a la idea de no tenerte. Pero ahora apareces de la nada. Está claro que no eres la persona de la que me enamoré. Por eso quería hablar contigo. Saber qué piensas. Por el niño, no te preocupes. Si todo sale bien, creo que podemos arreglárnoslas.
-Sí, me preocupo. –repliqué- Llevas dentro mi sangre.
-Eso no es suficiente. Deberías quedarte porque te importemos todos. Somos una familia. ¿Crees que serás feliz con una persona a la que no quieres?
-No. Creo que no sería feliz. –contesté- Quizá algún día pueda quererte. Pero ahora mismo no siento nada por ti. Te acabo de conocer.
-Me gustaría que si el plan funciona y nos deshacemos de ellos, te vayas. Que la busques y seas feliz. –propuso
-Si es lo que quieres, así lo haré. –acepté
-Eso sí, espero que entiendas que siempre te querré. Pase lo que pasé. Y te prometo, que cuando crezca, le hablaré de ti. Que sepa la verdad de porque no estas con nosotros.
-Te lo agradezco.

Comentarios

Cris Albala ha dicho que…
Me ha gustado, pero me deja un poco triste...
Leo Menendez ha dicho que…
No se fien del autor, nos regala éste episodio emotivo para dejarnos culo para arriba en el próximo.
siyalosabes ha dicho que…
Yo me hubiese ido con Marta, lo siento, pero para una persona amnésica lo único que vale es quien eres en ese momento, no quien eras antes, de lo que además ni siquiera te acuerdas...