Hasta que la muerte nos reúna. Capítulo 21

Evitar las autovías y autopistas era primordial. Era más complicado escapar de una horda. Por carreteras secundarias había menos coches abandonados. Aunque en otros casos teníamos que salirnos al arcén y bordear los que bloqueaban la carretera. Las primeras horas fueron fáciles. Tan solo unos cuantos muertos que vagaban por el campo y los perdíamos de vista enseguida. Además Dani, siempre iba varios kilómetros por delante y nos avisaba de los peligros u obstáculos. Tampoco queríamos ir a mucha velocidad por ahorrar combustible. Aunque si encontrábamos algún vehículo con algo en su depósito, lo recogíamos. Era mejor que quedarte tirado en medio de ningún lado. El pasar por algunas localidades era sencillo si tenían travesía. Pero los que no, debíamos atravesar algunas calles y lo podía complicar. A pesar de no estar muy lejos la costa, nos lo tomamos con calma. Teníamos mucho de lo recogido por Marcelo en el aeropuerto, por lo que solo recogíamos de lo que nos pudiera hacer falta más adelante. Para amenizar el camino, en una de las paradas, entré en una tienda de música. Miré algunos discos y me los llevé. El tabaco empezaba a escasear, y pudimos romper una máquina expendedora de un bar de carretera. Previamente, aniquilando a los muertos que pululaban por allí.
Transitar de noche no era buena idea. Por lo que aparcamos en el parking de un restaurante de carretera. Allí mismo, en el asfalto, prendimos una hoguera con algunos muebles de madera del lugar. A decir verdad, nos dimos un buen festín con varios perritos calientes envasados del avión. Nos fabricamos unos espetos y calentamos las salchichas en el fuego. Siendo bastante tarde, algunos nos fuimos a dormir dentro del furgón. Quedándose Silvia y Pol de guardia.
La noche fue tranquila y no tuvimos visita de muertos ni vivos. Algo que agradecimos enormemente. Reanudamos la marcha. Silvia se puso en la parte trasera a descansar. Maria y yo en la parte delantera.
- Dime Maria…-trataba de romper el hielo-… ¿Crees de verdad que tu padre podrá sobrevivir?
- Sin duda. –contestó- Desde que murió mi madre, él se encargó de todo. Estuvo un tiempo algo perdido cuando empezó la epidemia, pero creo que nos pasó a todos. Gracias al mapa que nos dejaste, se atrevió a explorar más zonas.
- Eso espero… -pensaba en la pequeña Isabel.
- Cuando lleguemos a la costa… ¿Qué haremos? –preguntó
- Creo que buscar un lugar seguro para asentarnos. –contesté
- Y ¿Por qué la costa? –seguía preguntando
- Cuando conocí a Silvia, tuvimos un rifirrafe con unas personas. Tuve que apañármelas para curarle la herida que le hicieron. Lo pasé fatal. Cuando por fin se recuperó, solo nos teníamos el uno al otro. No sabíamos que hacer. Pasamos un tiempo en un motel abandonado, por lo que profundizamos más en nosotros. Mi idea original era buscar a mi familia en Madrid. Vivos o muertos. Después nos prometimos ir a ver la playa por última vez. Si nos iban comer los muertos, que sea en la playa. –recordaba con melancolía.
- Entonces es tu novia postapocaliptica… -exclamó
- Algo así…jajaja –me reí orgulloso.

Dani se había adelantado bastante y ya no le veíamos. Aminoré la marcha y dejé que Pol se pusiera a mi lado.
- ¿Qué hacemos? –preguntó Marcelo que iba en el asiento del copiloto.
- Si ha acelerado es por algo. –dije- Esperamos un rato y si no vuelve, proseguimos.

Apagué el motor y me encendí un cigarro. Trasteé con algunos cd´s y puse uno de grandes éxitos de la música española. No había terminado la primera canción, cuando vimos volver a Dani.

- Tenemos que dar la vuelta –dijo sin quitarse el casco
- ¿Compañía? –preguntó Marcelo

Dani contestó con la cabeza y aceleró dejándonos atrás. Primero Pol dio la vuelta. Después lo hice yo. Aun no se veía a nadie. Así que me lo tomé con calma. Retrocedimos bastantes kilómetros hasta que pudimos detenernos para examinar el mapa y encontrar una ruta alternativa. Después de examinarlo, debíamos retroceder otros treinta kilómetros hasta una desviación y poder bordear la horda. Silvia seguía dormida como un lirón. No se enteraba de nada.
Aquel desvío nos llevó por carreteras montañosas. Algunas subidas nos costaba con el furgón. Pero finalmente pudimos atravesarlas. Al llegar a lo más alto, y comenzar a bajar, se podía ver ya el mar. Un aire a sal nos embriagó. Incluso diría que se me escapó una ligera sonrisa de placer. A la localidad que llegamos, era bastante pequeña. Era un pueblo pesquero. Justo a la entrada, lo vimos todo demasiado bien. No había cuerpos por el suelo, ni vehículos entorpeciendo. Nos detuvimos.

- Esto está demasiado bien. –dijo Dani.
- Si. –contestó Marcelo.- Pero no se ve movimiento.
- ¿Qué tal si dejamos escondidos los vehículos detrás de estas casas y vamos a pie? –propuse
- Me parece bien, -dijo Silvia que ya se había despertado.

Movimos los vehículos detrás de unas casas justo en la entrada, y nos armamos con pistolas y como no, con mi puñal siempre en mi cintura. Caminábamos por aquellas calles mirando por las ventanas. El pueblo era muy pequeño, quizá habría como veinte casas. Llegamos hasta el embarcadero. Tan solo había un barco pesquero amarrado. Pero ni rastro de nada ni vivo ni muerto. Nos dimos cuenta que la carretera acababa allí. Tan solo se podía salir por donde vinimos. Lo más curioso es que todo estaba en perfectas condiciones.

- ¿Qué habrá pasado aquí? –me pregunté voz alta
- No viviría mucha gente aquí. Imagino que lo abandonarían cuando empezó todo. –dijo Dani
- Si… ¿pero ni un muerto? –preguntó Silvia.
- Eso es raro, sí. –admitió Dani
- Lo mismo han salido a por provisiones –decía Marcelo- Debemos estar preparados por si vienen. Quizá no les guste que les invadamos.

El resto del día lo pasamos allí. Bajamos hasta la pequeña cala que había y nos dimos un chapuzón. Nos venía a todos bien una limpieza. Hacía mucho tiempo que no iba a la playa, y aquello me supo a gloria. El agua estaba fría, y el tiempo no acompañaba. Pero nos dio totalmente igual. Marcelo era el único que después de bañarse, investigó a fondo el lugar. Encontró una de las viviendas abiertas. Pero nada interesante en el interior. Fue la que elegimos para pasar la noche. Aunque todavía quedaban varias horas de luz, teníamos que ir pensando en todo.
Por fin, pude tener un rato de intimidad con Silvia. De aquellos que hacía tiempo que no teníamos. Nos apartamos un poco del grupo y caminamos un poco por la playa. Que no era muy extensa, a ojo, un kilómetro si llegaba. Rodeada por dos grandes montañas que no dejaban ver más allá, a no ser que fueras por el agua. Algo que desestimamos, por precaución.

- Al fin estamos donde queríamos –iba agarrada a mí cuando me habló.
- Así es.  –contesté- Parece un buen lugar. Aunque tendremos que esperar por si aparece alguien.
- Si te soy sincera, me da exactamente igual. Si nos tenemos que ir, nos vamos. Hay más lugares y no quedamos tantos con vida. –me decía.
- Lo sé. –le di un beso que recibió encantada.
- Me hubiera gustado conocerte antes del desastre. –reconoció
- Ya te he contado mil veces que no era buen partido. –bromeé
- Eso no lo sabes. –me dio un pequeño empujón hacia el agua.

Me caí en la orilla, y ella se tiró encima de mí. Nos besamos por largo rato, hasta que me bajó el bañador. Ella también apartó la ropa que nos molestaba e hicimos el amor lentamente. Nos daba igual si nos miraban. Era nuestro momento y queríamos disfrutarlo. Nos separamos un poco del agua, y nos tumbamos a descansar en la arena. Le dije que me gustaría pasar el resto de nuestras vidas juntos, a lo que ella respondió que también. Mientras hablábamos, me seguían viniendo imágenes de lo que podían haberles hecho los chinos a esa pobre gente. Mi corazón palpitaba de angustia y rabia. Ella se dio cuenta.
- ¿Sigues pensando en esa gente? –preguntó preocupada
- ¿Acaso tu no? –devolví la pregunta.
- Claro que sí. Pero intento que no me afecte. –en cierto modo ella era más fuerte emocionalmente que yo.
- Pues yo no lo consigo. –admití
- Es posible que fuera un error tratar con los chinos, pero tenías… teníamos, un objetivo y lo cumplimos. –seguía tratando de animarme.
- Pero a qué precio… -continué-
Un ruido enorme y constante nos interrumpió. Al principio era como un zumbido, pero cada vez era más estruendoso. Nos llegaba de todas partes. Nos levantamos enseguida y nos vestimos. Fuimos hasta donde estaban los demás que también miraban hacia todas partes. El ruido, de motor parecía, era muy fuerte y nos costaba mucho entendernos. Cada vez era más fuerte. Como si se estuviera acercando algo. Pero no sabíamos que. De pronto, una sombra nos engulló. Miramos hacia las montañas y lo vimos. Y bien que lo vimos. Un enorme avión comercial sobrevolaba muy bajo. Enseguida pasó de largo y nos dimos cuenta de que no estaba ascendiendo. Todo lo contrario, parecía descender. No entendíamos nada. Hacia donde se dirigía no parecía haber ninguna pista de aterrizaje, al menos que se pudiera ver. Cada vez estaba más cerca del agua. Intentó virar y eso hizo que a los pocos kilómetros, una de las alas chocó contra el mar. El ala se partió y el avión se dio la vuelta. Cayó al agua provocando un enorme estruendo. Nos subimos hasta el embarcadero para tener mejor visión. Entonces los vimos. Ninguno se dio cuenta de cuando llegaron. Pero allí estaban. Otro barco pesquero había atracado, y estaban contemplando la escena como nosotros. Los dos grupos permanecimos quietos, observándonos unos a los otros.

Comentarios

Cris Albala ha dicho que…
Increíble capítulo. Esperando ya el siguiente
Leo Menendez ha dicho que…
Al fin tuve tiempo de dedicar el tiempo que se merece la lectura de éste aluvión de capítulos publicados. Sobre todo éste último. Muy bueno y gran final.