Hasta que la muerte nos reúna. Capítulo 24

Estaba sentado en la terraza de mi casa. En una mano sujetaba mi puñal, y en la otra la pistola. Me sentía furioso. Por un lado tenía muchas ganas de dispararle en cuanto llegara. Pero debía esperar. Ya se les veía llegar. Quedando pocos metros para que atracasen, me levanté y fui directamente hasta allí. Silvia me acompañó. Guardé las dos armas en su sitio.
-¿Estais bien? –pregunté tratando de simular mi enfado
-Si, descuida. –contestó Leo- La tormenta nos retrasó
-Veo que no traéis mucho…-dije mirando el barco-… vamos, quería decir nada.

Leo me miró confuso.
-¿Disculpa? –me desafió- Llevamos toda la noche y parte del dia anterior mojándonos para tratar de traer algo para comer. ¿Qué demonios hiciste vos?
-Tambien jugarme la vida para que TODOS, me entiendes, TODOS, podamos vivir mejor. –contesté
-¿Se puede saber que ostias pasa? –preguntó Dani
-Deberías preguntarle a tu hermanito. –contestó Leo
-Creo que estamos todos un poco nerviosos. –dije- Deberiamos descansar y mas adelante ponernos las pilas

Me di la vuelta y me fui a casa. Debía pensar que hacer. En cualquier momento, Leo nos pediría que fueramos a la trampa y se llevaría a las chicas. A pesar de quedarme encerrado en casa, no perdía ojo al argentino. Pensé que se comportaría de forma extraña, pero no. Era igual que siempre. Al llegar la tarde, Leo tocó en mi puerta.
-¿Puedo pasar? –preguntó
Acepté. Ambos nos sentamos en una silla junto a la mesa.
-Ya me han contado que por tierra no fue tan bueno –comenzó
-Asi es. –contesté
-Con lo que tenemos, debemos salir de nuevo mañana por la mañana. Pero necesitamos algunas cosas.
-Te escucho –ahí venía la petición
-Muy cerca de aquí. A unos cuarenta kilómetros hacia el norte, hay un parque acuático. Está justo al lado del mar. Las ultimas redes se nos engancharon y se rompieron. Alli deberíamos encontrar unas mejores. Ademas de comida y agua potable.
-¿Cómo sabes todo eso? –pregunté a ver si soltaba algo
-Venimos de esa zona. Estaba intacta.
-Está bien. Iremos a por ellas. –respondí
-En el barco necesitaremos ayuda. Cuantos mas seamos tirando cañas, mas pescaremos. – continuaba con su plan
-Quieres que las chicas vallan contigo…-supuse
-Si. –no le notaba nervioso en ningún momento- Mientras ustedes van a por el material, nosotros trataremos de pescar el máximo.
-Me parece bien. –era mejor que no sospechase nada

A la mañana siguiente nos despertamos todos temprano. Casi de madrugada. Acompañé a Silvia y María hasta el embarcadero. Enseguida llegaron Leo y Yon. Caterina, Jimena y Cristina tardaron algo más.
-Silvia, -la llamé antes de embarcar- ya sabes.
-Tranquilo cariño, -decía sonriendo- solo vamos a pescar. Además hace buen dia. El mar está tranquilo.

Esperamos allí hasta que se fueron. Una vez que nos nos podían ver, nos pusimos en marcha.
-¿Teneis claro lo que hay que hacer? –pregunté
-Si. Vamos a ello. –contestó Dani

Teníamos que darnos prisa. En vez de ir en el furgón, me subí en el Ferrari de Marcelo. Pol y Dani iban en la moto. La velocidad que podía alcanzar este veichulo me asuataba. No tardamos en llegar al puerto de al lado. Nos escondimos en el astillero y esperamos la llegada del barco. Esta era la primera parte. Media hora después ya los veíamos. Se acercaban hasta el puerto y vimos como María lanzaba la cuerda. En ese momento, supimos que Silvia hizo su parte. Corrimos hasta allí y subimos al barco. Tenian a Yon, Cristina, Jimena y Leo amosrdazados. Al vernos subir, intuí cara de pánico.
-Buen trabajo. –le dije a Silvia.

Me acerqué a Leo y le quité el pañuelo de la boca.
-¿Vos sabés lo que hacés? –dijo furioso.
Le golpeé con la mano abierta.
-¿Y tú? –me sentía realmente enfadado.- ¿Qué te pensabas que eramos?
-No entiendo porque nos haceis esto… -trataba de disimular
-¿Cuántos nos esperarían en el parque acuático? –se quedó ente sorprendido y asustado
-¿Disculpa? –consiguió decir.
-Lo que has oído –me agaché- ¿Cuántos son?
-No se de que hablas… -se resistía.
-Cuanto más tardes en decirlo, peor. –decia yo- Si no entregas esta mañana a las chicas. A mis chicas, nos atacaran. ¿no es cierto?

Intuía que ni Yon, Cristina y Jimena, sabían de lo que hablábamos. Quité el pañuelo a Yon.

-¿y tu Yon? –pregunté- ¿sabes de lo que hablamos?
-No. –balbuceaba asustado- No sé que pasa…

Volví a golpear, esta vez mas fuerte, a Leo.
-Joder Leo, -le grité- No seas gilipollas. No vas a salir de esta. Pero puede que el resto si. ¿Quién cojones eran los de la radio, y cuantos son?
-No puedo decirte nada, -estaba sangrando por un labio
-¿Qué no puedes decir nada? –volví a gritar- Me cago en la puta. Hijo de la gran puta, ibas a vender a unas mujeres para salvar tu culo.
-¿De que habla Leo? –preguntó histérico Yon
-No le sacaremos nada hermanito. –me dijo Dani- Quizá sea algo estúpido, pero deberíamos ocuparnos de la gente del parque.

Desconociamos cuantos eran y si estaban bien armados. Era una locura.
-A esta hora ya se habrán dado cuenta de que algo no va bien. Deberiamos prepararnos para cuando aparezcan. –ordené
-La única solución, es que desaparezcamos. –dijo por fin Leo
-¿Quieres decirme algo? –pregunté de nuevo agresivamente.
-Estuve negociando que nos dejaran pescar en su zona. Son gente experta. –relataba
-¿Cuántos son? –continué preguntando
-Solo hablaba con su líder. Aunque una vez pude ver al menos cinco barcos, el doble de grandes que este.
-Eso alberga a mucha gente… -dijo Dani

Si decía la verdad, estábamos jodidos. Ahora que habíamos encontrado un lugar perfecto para vivir, volvíamos a tener problemas. En realidad, no sabíamos que hacer. Por un momento, pensé en luchar, pero después miré a mi gente y vi que la mejor opción era retirarnos. Nos bajamos del barco, y dejamos a los cuatro allí. Volveriamos al pueblo y recogeríamos para irnos.
-Lo de Leo, lo entiendo, pero ¿el resto? –preguntó Silvia
-Son de su grupo. No le dejarían tirado. –contestó Marcelo- Es lo que haría yo…
-Marcelo tiene razón. Llevan juntos desde el inicio. –indiqué

No quedaba tiempo. Varios barcos grandes como dijo Leo, empezaban a llegar. Corrimos hasta donde dejamos el coche y la moto. Pero eramos mas personas que las que podíamos ir. Tratamos sin éxito de arrancar algunos de los coches mas cercanos. Los barcos estaban casi atracando ya. Nos escondimos en un edificio. Subimos hasta el primer piso, tratando de que no nos viesen. Desde una ventana podíamos ver lo que ocurría. Eran todos hombres. Aunque no todos iban armados, al menos a simple vista. Abordaron el barco de Leo y los desataron. No podíamos escuchar lo que decían. El que parecía ser el líder de los marineros. Como los bauticé, era un hombre fornido. Pelo largo en coleta y barba espesa. No parecía mayor. Golpeó a Leo, tirándolo al suelo. Dos marineros, lo volvieron a levantar. Tenian a Yon sujeto por dos hombres, y a Jimena y Cristina con un hombre cada uno. Dos grupos de diez personas, investigaron el lugar. Intui que Leo les indicaba cuales eran nuestros vehículos. Los reconocio a simple vista. ¿Quién no reconocería un puto Ferrari en el apocalipsis? Perdimos de vista a uno de los grupos. El otro estaba cerca de los astilleros. Aquel hombre seguía discutiendo con Leo. Al cabo de un rato, se llevaron a las chicas a uno de los barcos. A Yon lo empezaron a dar golpes. Le estaban dando una buena paliza. Silvia tuvo que retirar la mirada. A mi también me estaba dando pena aquel muchacho. Lo tenían tumbado, y aun asi seguían dándole patadas. El grupo que perdimos de vista, volvió al lugar. Pero otro grupo se acercaba en dos coches. Se unieron con su líder. Evidentemente, eran los hombres que nos estarían esperando en el parque acuático. Imagine que se comunicaban a través de los walkies que llevaban colgados en la cintura. A pesar de ser muchas personas, tan solo unos pocos llevaban armas de gran calibre. El resto, como digo, no se les veía otro tipo de arma de fuego. Algun hacha o cuchillos. Cuando el líder dio por terminada aquella reunión, leo permanecia en el suelo. Ignoro si inconsciente o muerto. A Yon lo subieron también al mismo barco que a las chicas.
Cuando por fin se fueron y no nos podían descubrir, volvimos a bajar. Ahora con mas calma, podimos conseguir transporte. Antes de irnos, fui hasta el barco de Leo. Alli permanecia en el suelo. Casi no le pude reconocer con la cara toda magullada. Traté de despertarle. Aun vivía.
-Por favor, -se despertó casi asustándome-, por favor… ayudalos. Ellos son inocentes.
-Joder Leo… -en el fondo me sentía mal-… ¿con quien nos has metido?
-Lo siento…-hablaba muy bajito-…lo siento. Me arrepiento de veras.
-¿Cuál era el trato? –necesitaba respuestas
-Hace tres días, mientras pescábamos, recibí la llamada por radio. –relataba- Al principio me hicieron pensar que eran una comunidad sobreviviente con ganas de ayudar. Nos prometieron un lugar seguro y recursos casi ilimitados. La segunda vez que contactamos, ya no eran tan amables.
-Ya les habias contado quienes eramos y donde vivíamos… -terminé la frase
-Exacto. –trató de incorporarse- Comprende que quisiera proteger a mis amigos. Sabia que en su grupo, las mujeres escaseaban. Entonces quise negociar nuestra paz.
-Ofreciendoles a mi mujer y a las demás…-continué
-¿Cómo supiste todo? –preguntó
-Con la radio del otro barco. –admití
-Lo suponía…
-Lo siento Leo, creo que si hubieras contado con nosotros, podríamos haber encontrado otra solución. Pero te encuentras solo. ¿Sabes donde vivien? –pregunté

Me indicó el lugar en un mapa del barco. Ya le había sacado toda la información que necesitaba. Me levanté y me fui. Me estaban esperando en el paseo marítimo.
-¿Qué te ha dicho? –preguntó Silvia
-Lo que ya sabíamos. Trató de negociar su libertad, a cambio de vosotras. Al parecer son una comunidad con la mayoría hombres. Asi que no quiero imaginarme lo harán con las mujeres. –conté
-¿No pensarás en hacer nada contra toda esa gente? –preguntó Dani, esperando mi respuesta
-De momento no. Ahora debemos buscar otro lugar donde escondernos un tiempo. Al menos hasta que sepamos que hacer. –contesté
-¿Puedo mirar el lugar que te ha indicado? –preguntó Marcelo- No hace falta que venga nadie mas. Seré una sombra. Llevo haciéndolo mucho.

Le tendí el mapa. Lo examinó y sonrió.
-Ok. –dijo- Vosotros id hasta el pueblo. Por la dirección en la que han ido, van hasta su refugio. Yo trataré de encontrar este lugar desde el interior.
-De acuerdo. –dije tocando su hombro- Ten mucho cuidado. Sin ves problemas, te largas.
-No te preocupes. –se subio en su Ferrari

El resto, nos fuimos hasta el pueblo. Evidentemente, vacio. En todo el trayecto, ni Silvia ni yo, pronunciamos palabra alguna. Al llegar a nuestra casa, me tumbé en la cama. Estaba estresado. Necesitaba pensar. Silvia hizo lo mismo.
-Esto no es lo que buscábamos cuando llegamos. –dijo
-Esto es lo que buscábamos. Sabiamos que no seria fácil. Ya me parecía demasiado bonito. –confesé
-Son muchos. Pero creo que ha sido un error abandonarlos. –dijo ella suspirando.
-¿Cómo haces para ser tan fuerte emocionalmente? –pregunté intrigado
-Jajaja…-se rio como tantas veces me gustaba- Creo que va en mi naturaleza. Desde antes de conocerte, también era algo asi. Siempre decepcionándome con las personas que quería. Aprendí a cometer errores y no dejar que me afectasen.
-¿Yo te he decepcionado?
-Si. –confesó fríamente- Pero nadie es perfecto. No busques la perfeccion en mi, porque tampoco la vas a encontrar. Solo se que veo mas cosas buenas en ti, que malas. Por eso me he, supuestamente, casado contigo.
-Me gustaría perderme en algún lugar solitario, solo contigo…
-Que aburrimiento…-se rio

Marcelo llegó antes de lo esperado. De hecho diría que ni siquiera se fue.
-Chicos, - dijo con cara de pánico- estamos jodidos.
-¿Qué pasa? –pregunté yo
-Son muchos mas de los que vimos. Lo peor de todo es que me han visto. Había una avanzacilla a pocos kilómetros de aquí. He venido lo antes posible. Tenemos que irnos ya.

Recogimos lo que pudimos, pero no lo suficientemente rápido. Pues por la carretera, se veian venir unos seis coches, repletos de gente.

Comentarios

Leo Menendez ha dicho que…
Bueno, lo has logrado. La historia ha ido subiendo y mejorando hasta éste, el punto más alto. Te felicito.

Esperaremos con muchas ganas el siguiente capítulo.