Hasta que la muerte nos reúna. Capítulo 19

Habían pasado dos semanas desde la primera vez que vimos a los sacerdotes. Poco a poco dejamos de espiarles. Quizá, Dani y yo, éramos los únicos que queríamos hacer algo contra ellos. Sin embargo el resto del campamento prefería continuar su vida sin más problemas. Eso sí, ahora se sentían más seguros llevando un arma con ellos, aunque no la utilizaran. Incluso dos familias completas decidieron marcharse y buscarse la vida fuera del campamento. Los recursos más cercanos al camping, empezaban a escasear y cada vez teníamos que irnos muy lejos. Eso conllevaba mucho tiempo fuera, y algunos empezaban a impacientarse.
Una mañana, los que quedaban aun en el camping, se reunieron cerca de mi caravana. Estaban discutiendo sobre si continuar allí o marcharse como hicieran días atrás otras dos familias. Silvia y yo los escuchábamos mientras tomábamos un café. Si decidían marcharse tan solo quedaríamos Marcelo, Pol, Caterina, Dani, Silvia y yo.
- Pienso que deberíamos buscar otro lugar, cariño. –me dijo Silvia algo preocupada
- Es cierto que nos cuesta encontrar comida, pero el agua de aquí es muy buena. –contesté
- Pero no podemos vivir solo con el agua… -replicó

En el fondo tenía toda la razón, por lo que no quise continuar con la conversación. Al menos por el momento. Quería saber qué es lo que pensaban hacer el resto del grupo. A decir verdad, tan solo me importaba la opinión de mi gente más cercana. Ya que los que dilucidaban fuera tan solo los conocía del camping. Escuché como Dani se acercaba al grupo. Preguntó qué es lo que pasaba, y el que llevaba la voz cantante, un tal Alfredo le comunicó la decisión de que se marchaban de allí. Dani trató de convencerles, pero al no conseguirlo, llamó a nuestra puerta.
- Hermanito, buenos días –saludó- ¿cuñada?...buen día para ti también.
- Buenos días Dani, -contestó Silvia- ya los hemos escuchado.
- ¿Qué os parece? –preguntó Dani
- Pues parece que nos quedamos solos. –contesté sin mas
- Ya le he propuesto que hagamos lo mismo. –me miró- Podíamos ir hacia la costa como propusimos antes de…-me dijo mientras recordaba los días encerrada en la comunidad.
Resoplé, y volví a mirar por la ventana. Pude ver como varios ya empezaban a guardar sus cosas en coches. Lo cierto es que quedarme allí tampoco me hacía especial ilusión. Además, Silvia, me recordó los planes que hicimos en el motel de carretera abandonado. Cuando todavía éramos… más inocentes. Cuando empezábamos a darnos cuenta de la realidad. En ese momento, Pol y Caterina, llegaron. Dani les puso al día, y discutían sobre donde marchar. Por mi parte, tan solo pude ver como los primeros venían a despedirse. Al menos tuvieron el detalle. Al final de la mañana, tan solo nos quedamos los cinco en mi caravana. Silvia me miraba insistentemente. Como queriendo que le diese una respuesta.
- Dani, -me dirigí hacia mi hermano-, ¿esta caravana aun funciona?
- Hombre, lleva tiempo parada, pero la conduje hasta aquí. Debería funcionar. –contestó
- Silvia, -esta vez me dirigí hacia mi chica- de acuerdo. Hagámoslo.
Ella sonrió como tantas veces me gustaba verla, y me abrazó. Teníamos claro que donde fuese uno, iba el otro. Dani se puso de acuerdo con Pol y Caterina. Pero nos faltaba Marcelo, que el día anterior salió en busca de suministros. Porque si, Marcelo siempre había sido un solitario y lo seguía siendo. Nos quedaba la tranquilidad de que siempre se las sabía arreglar para salir de cualquier situación. Incluso antes del apocalipsis.
- ¿Qué pasa con Marcelo? –preguntó Pol- Lleva desde ayer fuera.
- Está claro que no nos íbamos a ir sin él… –dije lo obvio
- Además, no podemos irnos así como así. Deberíamos trazar una ruta lo más segura posible. –propuso Dani, con toda la razón.
- Si, -dijo Silvia- no me gustaría quedarme atrapada por una horda de infectados. Ya sabemos lo que pueden llegar hacer si son muchos.
- Ok. Dani y yo somos los que mejor conocemos las carreteras. –dije- Mientras, deberíais ir guardando lo que podáis en la caravana.
- Aquí no entramos todos. –replicó Pol
- Imagino que Dani, ira en su moto. Nos vendría muy bien para ir abriendo paso más adelante y alertándonos sobre posibles peligros. Ir en dos vehículos me parece arriesgado, pero si no te convence, de acuerdo. –contesté sin maldad.

Tras aquella conversación, Dani y yo nos pusimos a examinar el mapa. El destino final sería la zona de valencia. Según nos encontremos el panorama, elegiríamos cualquier otro destino pero siempre cerca de la costa.
Mientras preparábamos todo, Silvia advirtió de que dos no muertos se acercaban por el bosque. No nos extrañó, pero desde hace días no nos visitaba ninguno. Ella misma se encargó de ellos. Tras esos dos, vinieron otros tantos. Acabamos con ellos. No parecía venir más. Al llegar la noche, Marcelo seguía sin aparecer. No es que estuviese preocupado al cien por cien, ya que si no hubiera tenido éxito en poblaciones cercanas, de seguro habría avanzado un poco más. Por un momento estuve a punto de organizar una salida con Dani, pero este me paró. Pues Marcelo nunca nos decía hacia qué dirección tomaría. Incluso cuando alguna vez nos lo dijo, luego a mitad de camino cambio de planes. Empezaba a ser tarde, y nos invadía el sueño. Caterina era la más descansada, por lo que comenzaría la guardia.
A la mañana siguiente, al despertarme, noté que Silvia no estaba en la cama. Supuse que le habría tocado hacer la última guardia. Escuché ruido por debajo de la caravana. En un principio me asusté y agarré mi puñal. También me preparé con una pistola por si acaso. Miré por las ventanas y no vi a nadie. Al menos cerca. Abrí con sigilo la puerta. Seguía escuchando ruido por debajo. Me agaché y descubrí a Dani trasteando alguna parte mecánica de la caravana.
- Joder Dani, -dije aliviado- que susto me has dado
- Tiene el escape perforado. –me dijo sin hacer caso a mis palabras- Seguramente por algún balazo de los putos curas.
- ¿Tiene arreglo? –pregunté
- Tendremos que cambiarlo. –decía mientras salía de debajo- El ruido que provocaría atraería a muertos y no muertos. O lo que hostias sean.
- ¿Marcelo ha vuelto? –pregunté
- Si. Ha vuelto. –contestó- Están todos en la cabaña principal. Ha traído de todo. Además le están comentando el plan.

Me acerqué a la cabaña. Al entrar me encontré con gran cantidad de sándwiches, Hod-dogs envasados, cervezas, comida precocinada y envasada al vacío. Lista para recalentar en microondas. Zumos. Botellitas pequeñas de licores varios. Almohadas y mantas. Alguna maleta de equipaje sin abrir. En definitiva, muchas cosas interesantes.
- La leche… -conseguí decir-… ¿Dónde has estado?
- Estuve pensando donde podría ir, donde otros supervivientes no caerían en la cuenta o fuese un pelín peligroso. Así que me acerqué al Aeropuerto. Me encontré con gran cantidad de podridos. Así que me fui por el campo, y atravesé la zona vallada. Dentro de algunos aviones seguía habiendo muchos de ellos, pero otros estaban vacíos. Fui entrando en esos. Estaban repletos de todo tipo de cosas. He tardado más de la cuenta, porque de vez en cuando aparecía un grupo numeroso por allí. Tuve que tirar las escaleras para que no subiesen. Eso me ha retrasado. –relataba con mucha tranquilidad. Como si esta nueva situación le resultase cómoda.
- ¿Has visto los que quedamos? –pregunté sin vacilar
- Si. No me importa una mierda. –seguía hablando sin impórtale nada ni nadie. –Veo que ya tenéis claro vuestra posición. Ok. Me apunto. Me empezaba a aburrir este lugar.

El asunto de Marcelo ya no era un problema. Ya nada nos impedía salir de allí, y poner rumbo hacia nuestro nuevo objetivo. Dado que el tubo de escape de la caravana nos iba a suponer un problema, cambiamos todo por el furgón que trajo Marcelo. Era espacioso. Aparte de los suministros y nuestras cosas personales, nos quedaba espacio para poder ir cómodos. Más, cuando Pol, Caterina y Marcelo irían en su propio vehículo. Un todoterreno de clase alta del que se encaprichó Pol. Dani, se subió en su moto. Dimos un rápido vistazo al campamento, y cuando dimos el ok, nos pusimos en marcha. Dani abría el convoy. Le seguíamos nosotros y por detrás Pol. Mientras subíamos por el camino hacia la carretera, miré por el retrovisor y vi como varios infectados se acercaban hacia el campamento que comenzábamos a abandonar. Eso me dio que pensar. Fuéramos donde fuéramos, nos encontraríamos con el mismo problema. Aunque ya me había acostumbrado, y creo que los demás también, era algo con lo que tendríamos que vivir el resto de nuestras vidas. Silvia parecía más alegre. Quizá aquel lugar no era el idóneo. A decir verdad, a mí tampoco me entusiasmaba el camping, y por eso deseaba salir a por recursos casi a diario. En definitiva, ya nos movíamos de allí.
Tras incorporarnos a la carretera, a unos pocos kilómetros, Dani paró. Dejó que me pusiera a su altura y bajé la ventanilla.
- ¿Qué pasa? –pregunté
- Por ahí adelante se ve que viene alguien andando. –se quitó el casco- ¿Qué hacemos?

Aquella era una buena pregunta. ¿Qué haríamos si nos encontramos a mas supervivientes? No queríamos más sustos.
- Quizá deberíamos dar la vuelta. –dijo Marcelo que bajó del otro coche.
- Es una sola persona. –dije yo
- Pero no sabemos si va con más gente y es una avanzadilla. –expuso Dani.
Sin embargo, aquella persona que se acercaba, al vernos allí parados, se detuvo en seco. Estaba aún bastante alejado, pero pude intuir que era una chica. Incluso me era familiar. Por lo que paré el motor, y me bajé.
- ¿Qué haces? –preguntó Silvia
- Voy a ver quién es. –contesté
Ante la mirada de Silvia, me fui acercando a aquella chica. Enseguida supe quién era. Ella también me descubrió, y se acercó a mí corriendo.
- ¿Maria? –pregunté intrigado- pensábamos que eras otra persona.
De pronto empezó a llorar desconsoladamente. La llevé hacia nuestro grupo.
- ¿Qué pasa Maria? –le preguntaba a la chica
- ¿Quién es? –me preguntó Marcelo
- Conocí a su padre y a su hermana en una de las incursiones mientras estaba en la comunidad. –le expliqué
- Se han llevado a mi hermana. –relataba entre jadeos- No sabía a quién más acudir. Mi padre se ha vuelto medio loco.
- ¿Quién se ha llevado a tu hermana? –le pregunté- ¿Tu padre? ¿Le ha hecho algo?
- No…-casi no podía hablar-… vinieron y se llevaron toda la comida que nos diste. Después la metieron en una furgoneta y se la llevaron.
- ¿Eran curas? –preguntó Dani enervado
- Si… -le miró-… ¿Sabéis quiénes son?
Dani y yo nos miramos. Ambos sabíamos dónde podía estar Isabel, y no podíamos dejarla con aquellos hombres.
- Si. Sabemos quiénes son…-contesté-… y creo que es hora de hacerles una visita.

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